14 mayo, 2007

Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante.


Barroco nos evoca imágenes de mujeres robustas de rosadas carnes y curvas voluptuosas. Exceso, exageración, opulencia…

En España la realidad era bien distinta. Eran tiempos convulsos, caracterizados por una excesiva burocracia y la despreocupación de los monarcas por el pueblo llano, guerras de religión interminables financiadas con el oro de las colonias, reformas y contrarreformas, miseria, despoblación en el campo y hambrunas.

Por otra parte fue una época prolífica en el campo del arte y la literatura, además nace un nuevo género: la novela picaresca.

El fervor religioso de algunos monarcas hizo peligrar el negocio de las mancebías (burdeles). Las cortesanas de alto nivel intentaban pasar desapercibidas y parecer mujeres virtuosas. En ocasiones eran acompañadas en público por alguna mujer mayor (dueña) que en realidad eran alcahuetas o celestinas.

Aquí encontraréis un interesante artículo sobre las cortesanas en el Madrid barroco.

Algunas frases célebres de la época:

“El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean”. Félix Lope de Vega.

“Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante”, Francisco de Quevedo.

“Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos”, Pedro Calderón de la Barca.

“Lo bueno si breve, dos veces bueno”, Baltasar Garcián.

13 mayo, 2007

Sauces y cerezos.

Yoshiwara, nombre que significa El Buen Prado de la Suerte, fue un famoso distrito rojo en Edo en lo que hoy es Tokio, Japón. Fue creado en el año 1617 por orden de Tokugawa shogunate restringiendo la prostitución a distritos designados en la ciudad.

El emplazamiento original de Yoshiwara fue cambiado en 1657 a raíz de su destrucción por el incendio Meireki. Se renombró Shin Yoshiwara (nuevo Yoshiwara) para diferenciarlo del barrio original, rebautizado como Moto Yoshiwara (Yoshiwara original). En el interior del recinto se plantaron sauces, símbolo de prostitución en China, y cerezos en la calle principal, Shin-Yoshiwara Nakanochô. La belleza de las cortesanas era comparada a la belleza de los cerezos en flor durante la noche.
Como la mayor parte de los barrios de placer, Yoshiwara fue rodeado por un muro de madera y un foso, dejando una única puerta de entrada, conocida como ômon (Gran puerta). De esta forma se impedía a los clientes marcharse sin pagar y se evitaba que las cortesanas escapasen, pues muchas de ellas habían llegado allí en contra de su voluntad.

Yoshiwara no surge exclusivamente como un lugar de placer, sino que traspasa estos límites para converstirse en un centro generador de cultura. Unida a la cultura de Yoshiwara aparece la geisha, término utilizado desde el siglo XVIII. Originalmente, el término geisha (persona de arte) se aplicaba a hombres y mujeres que bailaban y cantaban para alegrar las fiestas con su talento artístico. Legalmente estaba totalmente prohibido a las geisha ejercer la prostitución y, por tanto, competir con las ôiran y otras cortesanas de menor rango.

En un momento, Yoshiwara contó con sobre 3.000 mujeres que servían como prostitutas. Los Rōnin, samurais sin amo, no eran permitidos, en o cerca de lugares de prostitución, excepto una vez al año para ver el sakura o florecimiento de los cerezos y visitar a parientes fallecidos. El Yoshiwara mantenía un aura de misterio y refinamiento. Las prostitutas podían variar en clases sociales, yendo desde extremadamente pobres hasta muy ricas.

05 mayo, 2007

La ópera y las cortesanas


Algunas de las protagonistas de las óperas más populares han sido cortesanas. Desgraciadamente, la mayoría de estas heroínas tenían un final trágico. Unas eran autenticas femmes fatales, otras, buenas mujeres que cometieron el error de enamorarse del hombre equivocado.

Las más famosas:

La Traviata ('La Descarriada') de Giuseppe Verdi. El texto, de Francesco Maria Piave, está basado en la novela de Alexandre Dumas (hijo) "La dama de las camelias".

Tais, de Jules Massenet. Esta hetaira, admirablemente bella, reinaba sobre los jóvenes corazones atenienses

Manon, la chica mala por excelencia (joven, bella y caprichosa) es la protagonista de la novela de Abbé Prevost, L'historie du chevalier des Grieux et de Manon Lescaut, de la que se han hecho varias versiones operísticas:

- Manon, de Jules Massenet.
- Le portrait de Manon, de Jules Massenet.
- Manon Lescaut, de Giacomo Puccini.
- Boulevard Solitude, de Hans Werner Henze.




La ópera es un “acto de fe”, allí donde el libreto dice que era una joven de gran belleza solemos encontrarnos cantantes maduras de “peso”, aunque lo importante en este caso es la voz.

La Cortesana honesta: La vida de Verónica Franco

En la Venecia renacentista convivían dos clases de cortesanas: la cortegiana onesta, cortesanas intelectuales, y la cortigiana di lume, cortesanas de clase baja más parecidas a las prostitutas de hoy y que solían ejercer cerca del puente de Rialto.

Las primeras solían disfrutar de privilegios únicos; visten valiosos vestidos bordados en rojo, leen, componen poemas y música, y discuten asuntos de Estado con los hombres que gobiernan la República.

Quizá la figura más destacada de esa época es Verónica Franco, poetisa y cortesana. Como muchas cortesanas famosas, Verónica más que bella era atractiva, y sobretodo muy culta. Prueba de su cultura fue la publicación de un libro de poemas amorosos, tema en el que era una experta y en el que muestra su elegancia y su amor por el lujo. Su honradez y honestidad le abrieron muchas puertas en la alta sociedad.

En el año 1572 aparecía su nombre en la lista oficial de tarifas que tenían las cortesanas de Venecia, Il Catalogo di tutte le principale et piu honorate cortigiane di Venecia. Su precio era de tan solo dos escudos, un valor bastante mediocre, sin embargo, tan solo un año después su nombre estaba en boca de toda la ciudad. Así, en el año 1574, cuando el futuro rey Enrique III pasó por Venecia en su ruta hacia París, las autoridades no dudaron en presentarle a Verónica, como el mejor presente que podía ofrecerle la ciudad.

Era una persona caritativa que se preocupaba de las mujeres pobres y prostitutas sin hogar. No hay muchos datos sobre sus últimos años, después de caer en desgracia al ser acusada de brujería ante la Inquisición, pero se sabe que murió a los 45 años.

En 1998 se rodó una película (Dangerous Beauty- Más fuerte que su destino) basada en el libro de Margaret Rosenthal, "The Honest Courtesan: The Life of Veronica Franco".


03 mayo, 2007

Las Geishas no son prostitutas


"Las prostitutas se atan el obi adelante, por la premura con la que deben salir a escena para recibir al cliente próximo. Nosotras, en cambio, nos ayudamos entre sí para enlazarlo atrás en forma de flor. Los arreglos distinguen mucho a una geisha de una simple profesional". Setsuko

Las geishas se originaron como profesionales del entretenimiento; originalmente la mayoría eran hombres. Mientras las cortesanas profesionales brindaban entretenimiento sexual, las geishas usaban sus habilidades en distintas artes japonesas, música, baile, y narración. Las geishas de ciudad (machi) trabajaban independientemente en fiestas fuera de los "barrios de placer", mientras que las de barrio (kuruwa) lo hacían dentro de estos. Al declinar el nivel artístico de las cortesanas, las geishas, hombres y mujeres, tuvieron mayor demanda.

Los geisha masculinos (algunas veces conocidos como hōkan) comenzaron a declinar, y para 1800 las geishas femeninas (conocidas originalmente como onna geisha, literalmente geisha mujer) los superaron en número de tres a uno, y el término "geisha" comenzó a usarse para referirse a las mujeres con habilidades para el entretenimiento, como hoy en día.

Tradicionalmente, las geishas comenzaban su entrenamiento a una corta edad. Algunas jóvenes eran vendidas a las casas de geishas en su niñez, y comenzaban su entrenamiento en varias artes tradicionales casi inmediatamente. Durante su niñez, las geishas a veces trabajaban como criadas o asistentes de las más experimentadas, y luego como aprendices de geisha (maiko) durante su entrenamiento. Esta tradición de entrenamiento existe en otras disciplinas de Japón, el estudiante deja su hogar, comienza a hacer trabajos hogareños y asistir a su maestro, para eventualmente convertirse en uno.

La leyenda del Padre Putas


"El espíritu está presto, mas la carne es débil". Este lamento de un apóstol estaba tan asumido en la Salamanca del siglo XVII, que el rey Felipe II dictó una ordenanza para que en la Cuaresma se cumpliera la abstinencia de los dos tipos de carne: la animal y la carnal. Según este decreto, todas las mujeres públicas que vivían en la Casa de la Mancebía debían ser llevadas fuera de la ciudad durante la Cuaresma. Por esa razón, a partir del miércoles de Ceniza las prostitutas abandonaban Salamanca para instalarse en la otra orilla del Tormes, en Tejares.

La leyenda dice que un cura, apodado el Padre ‘Putas’, era el encargado de cuidarlas. Porque aunque a las mujeres se las apartaba, la conciencia cristiana no podía dejar de ‘asistirlas espiritualmente’. Esta situación se alargaba hasta el Lunes de Aguas -lunes siguiente al domingo de Pascua-, cuando el Padre ‘Putas’ iba a recogerlas en barca en compañía de los estudiantes.

Trasladarse mentalmente a aquel momento no es difícil: los pícaros universitarios no ven el momento de que las prostitutas vuelvan a la ciudad, la semana de Cuaresma se les ha hecho larga y llegado el Lunes de Aguas el carácter festivo impregna Salamanca. Las barcas inundan el Tormes, los estudiantes más afortunados van a recogerlas acompañados del Padre ‘Putas’, mientras los habitantes de la ciudad esperan en la orilla.

A su regreso, la comida, la bebida, los bailes y la diversión están garantizados en grandes cantidades. Tras la represiva Cuaresma, llega la revancha personal. La carne se consume en grandes cantidades. Es por eso que el plato preferido ese día era el hornazo, una deliciosa empanada rellena de chorizo, jamón y lomo cuya receta perdura hasta nuestros días.

La decadencia en la Edad Media


En general, la prostitución en las ciudades medievales y especialmente las del norte, adoptó la forma cerrada de los burdeles, aunque no faltaban casos de la ambulante en forma de danzarinas o tañedoras de arpa y cítara.

Las prostitutas de la Edad Media ejercían su comercio como gremio reconocido, figurando en las entradas solemnes de príncipes en las poblaciones festejándoles con ofrendas de flores. No era infrecuente tampoco que las visitasen entonces grandes dignatarios, que por otra parte las obsequiaban con regalos para bailes y festejos. Tal ocurrió en Viena durante el reinado del emperador Segismundo en 1435 y en Praga en el del emperador Alberto II

Las ordenaciones acerca del comercio de las prostitutas eran tan comunes como minuciosas, negándoseles, sin embargo, el derecho de ciudadanía a partir del siglo XV. Se las obligaba a usar trajes especiales, separándolas de las mujeres honradas, incluso en las tumbas, reservándoselas lugar aparte en las iglesias. Tampoco debe olvidarse que la escasa población y menor riqueza de las ciudades medievales impidieron el lujo y esplendor que acompañó al desarrollo de la prostitución en Grecia y Roma.

Las fuentes documentales consultadas coinciden en afirmar que la prohibición, la reglamentación y la abolición de la prostitución se sucedieron a lo largo de los siglos, con resultados diferentes.